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Fibromas

Los miomas o fibromas uterinos son tumores benignos que se desarrollan en la pared muscular del útero y los padecen entre el 25 y 30% de las mujeres en edad reproductiva.
Pueden ser asintomáticos y detectados en una ecografía, o provocar síntomas como dolor, aumento del sangrado menstrual, infertilidad, y (si  son muy grandes) compresión de la vejiga, los uréteres o el recto, constipación y aumento de la frecuencia urinaria.
El origen de los miomas es desconocido y se sabe que tienen una dependencia de las hormonas femeninas (los estrógenos y la progesterona), por lo cual suelen presentarse en la etapa reproductiva de la mujer y, habitualmente, disminuyen o desaparecen con la menopausia.
En un porcentaje muy bajo (menor al 0,1 %). los miomas pueden transformarse en un tumor maligno, llamado leiomiosarcoma. Los fibromas pueden ser muy pequeños o tan grandes como para provocar que el útero crezca como en un embarazo. Si bien no suelen generar infertilidad, son más frecuentes en mujeres con problemas reproductivos y se pueden asociar con otros problemas comunes como la endometriosis.
De acuerdo con su localización en el útero, se dividen en tres tipos:
Submucosos: crecen dentro de la cavidad uterina y son los que más sintomatología de sangrado producen (aumento de sangrado menstrual o entre menstruaciones) y siempre deben ser extirpados, antes de un tratamiento reproductivo, porque se alojan en el lugar donde debe implantarse el embrión.
Intramurales: crecen entre las fibras musculares del útero y se caracterizan por el sangrado o el dolor que producen. Si tienen un tamaño excesivo, deben ser extirpados.
Subserosos: crecen hacia afuera del útero, son asintomáticos y, en general, no requieren cirugía, excepto que su tamaño sea voluminoso.
Los miomas intramurales y los submucosos se asocian con una menor fertilidad natural y con menores resultados en las técnicas de reproducción asistida.
Diagnóstico
Se pueden diagnosticar mediante una simple ecografía o con tomografía o resonancia magnética.
Tratamiento
Los tratamientos hormonales (como la progesterona y los anticonceptivos) pueden ayudar a disminuir la hemorragia y pueden ser útiles en el período preoperatorio o en el postoperatorio. Los análogos del GnRH producen una “menopausia” farmacológica, y la mujer deja de menstruar por unos meses, ayudando en algunos casos a controlar la anemia, pero su efecto es temporario y no pueden usarse más de 6 meses por sus efectos colaterales.
Los miomas se operan cuando producen síntomas; sin embargo, en pacientes con infertilidad, se pueden operar o no según diversos factores: la edad de la mujer, el tamaño de los miomas, su ubicación y el estado del semen del cónyuge, entre otros.
El tratamiento quirúrgico puede ser a “cielo abierto” (cirugía convencional) o por laparoscopía (cirugía endoscópica mínimamente invasiva), según el número y el tamaño de los miomas. La cirugía en mujeres que no han tenido hijos es conservadora y consiste en sacar el o los miomas y conservar el útero. Luego de la cirugía, se debe esperar entre 3 y 6 meses para buscar el embarazo para que el útero esté bien cicatrizado.